MIROSLAVA

Las figuras han sido moldeadas con un volumen monumental de formas plenas expresando una presencia real de la desnudez sin piel, más allá del bien y del mal, donde la provocación o la agresividad no tiene cabida. Pretenden participar de nuestro espacio físico y de su luz, ser reales por su propiedad de presencia y contundencia debido a su tridimensionalidad. Sin embargo, la intensión no es repetir o mirar el mundo exterior, ni la de plasmar con exactitud la anatomía humana, es servirse de ella, utilizarla como una vía expresiva para un concepto metafísico que la define en su acepción más íntima.

Los cuerpos que se contorsionan en sus posturas, cuyas prominencias de venas, musculaturas y de una deliberada libertad en las proporciones reflejan una marcada intención de alejarse del realismo estricto, hasta lograr una interpretación mayor dentro del contexto espiritual de su concepción a través de formas de fuerza, que poseen continuidad en el espacio, son energía en acción.

Llevan dentro de cada músculo y cada expresión de los rostros, su propio calor que les permite transmitir temperatura y sensualidad a los espacios que las contienen, reflejando nuevos énfasis y sugestivas profundizaciones en el ánimo del espectador.

Se observan los detalles del referente objetual, los cuales son bastante explícitos como para impedir una aproximación incisiva del juicio que inspiran, promoviendo una conjugación de espacios que vibran con el movimiento de estas esculturas, también la incorporación de ciertos focos referentes y objetivados, representados en la incorporación de alas en estas pesadas figuras, quizás en un intento de conferirles cierta liviandad.

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